
Sábado 24 de Octubre
¿Y ahora qué? El difícil voto ante las próximas elecciones
Ante unas nuevas elecciones, muchos ciudadanos podemos sentirnos atrapados entre dos opciones que no terminan de convencernos. La pregunta ya no parece ser solamente qué riesgos estamos dispuestos a asumir y qué modelo de país queremos construir. El Gobierno de Pedro Sánchez puede presentar algunos resultados difíciles de negar: crecimiento del empleo, aumento del salario mínimo, revalorización de las pensiones y ampliación de determinadas políticas sociales. Pero también deja problemas importantes sin resolver: el precio de la vivienda, especialmente para los jóvenes, la precariedad de una parte del empleo, las dificultades de la sanidad y la educación públicas y una deuda que, aunque haya disminuido en relación con el PIB, continúa siendo muy elevada. Y a ello se añade una creciente preocupación por la calidad del debate político y por determinadas decisiones institucionales. En el otro lado, un Gobierno del PP, previsiblemente necesitado de acuerdos con Vox, plantea otro tipo de incertidumbres. La derecha promete reducir impuestos, burocracia y gasto considerado improductivo y favorecer el crecimiento y la iniciativa privada. Pero queda una pregunta esencial: ¿cómo se pueden reducir impuestos y, al mismo tiempo, mantener unas pensiones, una sanidad, una educación y unos servicios sociales de calidad? Y la presencia de Vox introduce además un debate relevante sobre derechos civiles, inmigración, igualdad y determinadas políticas sociales. Por tanto, quizá sea un error plantear las próximas elecciones como una batalla entre Sánchez o la motosierra. La realidad es bastante más compleja. Ningún partido tiene el monopolio del acierto ni ninguno posee la solución mágica a los problemas de España. La izquierda debe responder mejor a la pregunta de cómo hacer sostenible el Estado del bienestar. No basta con aumentar prestaciones: necesitamos productividad, mejores salarios, vivienda accesible, servicios públicos eficaces y unas pensiones que puedan financiarse también dentro de veinte o treinta años. La derecha, por su parte, debe explicar con números cómo pretende combinar rebajas fiscales y reducción del gasto con el mantenimiento de un Estado social capaz de garantizar pensiones, sanidad, educación y dependencia. No basta con prometer que el crecimiento económico resolverá la ecuación. Los derechos y las instituciones también forman parte del bienestar. Una sociedad no es solamente más rica cuando aumenta su PIB; también lo es cuando sus ciudadanos tienen libertad, seguridad jurídica, servicios públicos dignos y capacidad para desarrollar su proyecto de vida. Quizá por eso la pregunta que deberíamos hacernos ante las urnas no sea "¿quién me gusta más?", sino otras mucho más incómodas: ¿qué problemas considero prioritarios?, ¿qué soluciones estoy dispuesto a aceptar?, ¿quién explica cómo las va a financiar?, ¿qué derechos considero irrenunciables y qué riesgos estoy dispuesto a asumir? Porque votar no consiste en encontrar al partido perfecto. Consiste en elegir, entre las alternativas existentes, el modelo de sociedad que consideramos más compatible con nuestras convicciones y aceptar también el precio y las consecuencias de esa elección.
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