2 de Octubre de 2026

El otoño llega al pueblo despacio, entre días fríos y lluviosos, cubriendo el paisaje con una luz distinta. Las hojas, amarillentas y doradas, van abandonando los árboles y tapizan los caminos, mientras los campos, ya sin cosechas y todavía sin arar, parecen descansar en silencio, como si la tierra hubiera quedado momentáneamente abandonada. Hay en estas panorámicas una cierta melancolía, una sensación de recogimiento que invita a mirar despacio y escuchar el silencio. Pero el otoño no es solo despedida. Bajo esa apariencia de quietud, la tierra se prepara, guarda en su interior la esperanza de volver a despertar. Quizá por eso las imágenes de esta época tienen una belleza especial. Son paisajes de nostalgia, de calma y de soledad, pero también de ilusión. Porque incluso cuando el campo parece dormido y los árboles pierden sus hojas, la naturaleza nunca se detiene: simplemente espera.