NO ESCRIBO PARA AGRADAR, SINO PARA CONTAR LO QUE VEO

 

Parece que hay opiniones que molestan. Al parecer, a algunos vecinos no les gustan determinadas publicaciones de esta página porque, según dicen, no favorecen la imagen de nuestro pueblo. Y ante eso conviene aclarar algunas cosas.

Esta página no nació para construir una imagen artificial de Arrabalde, ni para contar únicamente aquello que algunos quieren escuchar. Tampoco es un instrumento al servicio de intereses particulares, instituciones o personas. Es un espacio independiente en el que ejerzo mi derecho a opinar, a reflexionar y a expresar libremente aquello que considero necesario, procurando siempre ser fiel a la realidad y sin disfrazar las palabras para hacerlas más cómodas.

No escribo para agradar a nadie, ni para complacer a quienes pretenden que todo se cuente a su gusto. Escribo porque creo que la realidad debe poder contarse sin adornos innecesarios, sin medias verdades y sin silencios interesados. Porque querer a un pueblo no significa ocultar sus problemas, silenciar las críticas o presentar una realidad edulcorada para que todo parezca perfecto. Querer a un pueblo también significa reconocer lo que no funciona y atreverse a decirlo. La imagen de Arrabalde no se deteriora porque alguien señale una carencia, cuestione una decisión o exprese una opinión crítica. Si existe un problema, lo razonable es analizarlo y tratar de solucionarlo, no molestarse porque alguien lo ponga sobre la mesa. Los pueblos no mejoran ocultando sus defectos, sino afrontándolos con honestidad y voluntad de cambio.

Y, por supuesto, nadie está obligado a compartir mis opiniones. Quien no esté de acuerdo con lo que escribo tiene toda la libertad del mundo para discrepar, argumentar y defender sus propias ideas. Así funciona la libertad de expresión. Lo que resulta menos razonable es sustituir los argumentos por el chismorreo, los comentarios malintencionados o los rumores dirigidos a desacreditar a quien escribe. Porque una cosa es que no guste lo que se publica y otra muy distinta es convertir ese desacuerdo en una cuestión personal. Cuando la discrepancia abandona el terreno de las ideas y se adentra en las descalificaciones, los cuentos y las habladurías, cabe preguntarse si lo que verdaderamente molesta es el contenido de las opiniones o la existencia de un espacio independiente que no se somete a determinados intereses.

No voy a atribuir intenciones a nadie, pero tampoco voy a aceptar que el rumor y la maledicencia sustituyan al debate honesto. Si alguien considera que una afirmación es falsa, que la rebata con argumentos. Si cree que una opinión es injusta, que exponga sus razones. Y si simplemente no le gusta lo que lee, tiene una solución tan sencilla como legítima: dejar de leerlo. Lo que no parece razonable es pretender que una página independiente renuncie a su criterio para satisfacer sensibilidades particulares o preservar una imagen que algunos consideran intocable.

Esta página es, ante todo, un archivo gráfico y documental de Arrabalde, un espacio dedicado a su historia, sus gentes, sus tradiciones, sus acontecimientos y también a la opinión. No tiene ánimo comercial ni pretende servir de escaparate a nadie. Su razón de existir es contribuir a conservar la memoria del pueblo y ofrecer un lugar donde también puedan expresarse ideas y reflexiones, aunque no siempre resulten cómodas. Quien espere encontrar únicamente elogios, fotografías bonitas y palabras complacientes quizá busque otra cosa. Aquí hay espacio para lo que nos enorgullece, pero también para aquello que nos preocupa. Porque la realidad de un pueblo no se compone solamente de sus virtudes, sino también de sus carencias, sus contradicciones y sus problemas.

No tengo ninguna obligación de escribir al dictado de nadie, del mismo modo que nadie tiene la obligación de estar de acuerdo conmigo. Mi compromiso es con mi criterio, con la honestidad y con la libertad de expresar lo que pienso, asumiendo que toda opinión puede ser discutida y cuestionada. Y termino con una reflexión: resulta curioso que algunas personas se preocupen tanto por la imagen que puedan transmitir las opiniones críticas y, sin embargo, parezcan prestar menos atención a los problemas que las originan. La reputación de un pueblo no se protege silenciando las voces discrepantes, sino trabajando para que haya cada vez menos motivos para la crítica.

No escribo para recibir aplausos,  ni ganarme simpatías. Tampoco para enemistarme con nadie. Escribo porque tengo mi propio criterio y porque, a estas alturas de mi vida, no necesito la aprobación de todo el mundo para expresar lo que pienso. A quien le guste esta página, bienvenido. A quien discrepe, le escucharé si argumenta con respeto. Y a quien no le guste, le asiste todo el derecho a no leerla. Pero que nadie confunda la libertad de opinar con la obligación de callar, ni el desacuerdo con lo que algunos medios publican para alagar. Porque una cosa es defender la imagen de un pueblo y otra muy distinta pretender que, para hacerlo, tengamos que dejar de contar aquello que no conviene escuchar.

Durante 20 años he reunido fotografías, documentos, recuerdos, noticias, tradiciones y testimonios de Arrabalde. He construido un archivo con miles de documentos. Y lo he hecho sin ánimo de lucro, sin publicidad y sin esperar una recompensa económica. Simplemente, porque quiero a mi pueblo y a la mayoría de la gente y  me satisface conservar su memoria, aparte de que considero a Arrabalde como un pueblo bonito e ideal para descansar y disfrutar, tanto de sus fiestas, como de su ambiente y entorno. Asi que no venga ningún lengua de víbora a decirme que escribo para desfavorecer la imagen de mi pueblo. Pero lo que no haré nunca es transmitir una imagen falseada del pueblo, ni fantasías creadas por intereses espurios y mucho menos para halagar o agradar a determinadas personas o instituciones.