|
No habrá Paz mientras alimentemos la Guerra. Mientras
los líderes europeos y los países integrantes de la OTAN no asimilen
este principio, la devastación y la muerte no cesarán. Porque no se
trata de que Rusia arrase Ucrania, sino de que se llegue a un acuerdo de
Paz y acabe la destrucción. La ayuda armamentista a Ucrania y las
sanciones a Rusia generan el efecto bumerang que terminará pagando Europa
y los europeos. Es la hora de buscar otras opciones u alternativas
porque Europa en esta situación está tirando piedras sobre su propio
tejado. Y pensar en doblegar a Putin sancionando a Rusia enviando mas
armas USA a Ucrania, una sonora estupidez,
que hará tensar la cuerda del equilibrio
mundial, que acerque mas el temido
Holocausto Nuclear.

El
esperpento de la modernidad:
Una
sociedad perdida bajo el barniz de la
belleza y la tecnología
Vivimos tiempos extraños, tiempos donde la
estupidez (antes patrimonio de unos pocos)
parece haberse democratizado. La sociedad
española, antaño combativa, lúcida y con
hambre de justicia, se ha entregado a una
suerte de anestesia colectiva donde todo
vale, todo se justifica y nada importa
realmente. Confundimos la libertad con el
libertinaje, el derecho con el capricho, la
dignidad con la indiferencia, la riqueza con
la caballerosidad, el poder con la decencia
y la ficción de la religión, como consuelo y
evasión. Celebramos lo superficial mientras
despreciamos lo profundo. Aplaudimos a
gritos el gol de un equipo millonario, pero
callamos ante la injusticia cotidiana que
nos roba el pan, el trabajo, la vivienda y
la esperanza. Hemos llegado a creer que la
vida es un escaparate, y que el brillo basta
para ocultar la miseria y decadencia que se
extiende por dentro. Nos han vendido la idea
de que la trasgresión sin sentido es
progreso, que la vulgaridad es autenticidad,
que la sumisión es serenidad mental y que la
aberración sexual se transforma en derecho
"si da votos". Mientras tanto, el
pensamiento crítico se ha convertido en una
especie en extinción. Ya no se cuestiona, se
repite. Ya no se razona, se consume. Ya no
se actúa, se reacciona. Los políticos (esos
demiurgos de la demagogia) nos prometen cada
cuatro años la redención, cuando lo único
que redimen es su propio futuro económico.
Los templos de lo religioso se llenan de
fieles que buscan salvación en la esperanza
que da una ficción, mientras la justicia
terrenal se vacía de sentido. Y en medio de
este circo, seguimos creyendo, esperando,
resignándonos, como si la esperanza bastara
para cambiar la realidad. España se ha
convertido en un esperpento social, político
y económico. Un país donde el artificio se
confunde con la verdad, donde la fachada
cuenta más que el cimiento, y donde la
belleza aparente oculta una descomposición
moral cada vez más visible. No es una
cuestión de ideologías, sino de sentido
común. Nos estamos acostumbrando a la
mentira, al ruido, al despropósito. Quizá
aún estemos a tiempo de despertar. Pero para
hacerlo, habría que comenzar por recuperar
algo tan simple y tan revolucionario como el
pensamiento crítico, coherente, juicioso.
Pensar, dudar, disentir. Recuperar la
capacidad de indignarse sin miedo al
ridículo. Exigir coherencia. Llamar a las
cosas por su nombre, aunque duela. Porque
mientras sigamos gritando gol, mas fuerte
que pedir pan y trabajo, aplaudiendo
mentiras y despreciando verdades, seguiremos
siendo cómplices del esperpento que nos
devora y que nos conducirá a una sociedad
esperpéntica, deprimida, degradada,
frustrada y perdida. Es una
opinión de M. Fernández
"Anatomía de un
País".
|