Desde hace 2 milenios la fe tan solo ha sido una fábrica de
producir riquezas que han engrandecido el patrimonio
terrenal de la Iglesia. Flaco favor le hace el Papa León XIV
a la humanidad, induciendo doctrinas que van contra el
progreso, los derechos humanos y la Libertad. Como siempre
cada vez que la humanidad avanza un paso, la Iglesia la hace
retroceder dos.
Y no cuestiono que una persona necesite creer para
dale un sentido a su vida. Lo que cuestiono es que se siga
manipulando y utilizando unos dogmas mas falsos que Judas,
para limitar, cuestionar o eliminar derechos y libertades
del ser humano.
Y ahí está, quizá, la gran contradicción: predicar humildad
mientras se acumula poder; hablar de pobreza mientras se
administra riqueza; proclamar amor mientras se condena al
diferente; defender la dignidad humana mientras se pretende
limitar la libertad de quienes no comparten la doctrina.
Por eso me resulta difícil permanecer callado cuando el
Papa León XIV defiende la protección de la vida desde la
concepción hasta la muerte natural y se opone al aborto y a
la eutanasia. La Iglesia puede defender su doctrina, por
supuesto. Pero ¿por qué una doctrina religiosa debería
determinar lo que puede o no puede hacer una persona que no
comparte esa fe? La influencia de la Iglesia sobre las
derechas es de todos conocida.¿Que pasará cuando la
ultraderecha (PP y VOX) lleguen al poder? Que lo que
determine la Iglesia será ley. Y que nadie se equivoque, el
hecho de ser ateo no significa que sea de izquierdas, pero
por honestidad intelectual, por puro raciocinio debo ser
coherente y distinguir la realidad de la ficción, la falacia
de lo sensato, lo falso de lo auténtico y ser consecuente.
Me pueden contar historias sobre las hadas o los elfos, pero
condicionar mi vida por tales fantasias, seria de
inconsciente, absurdo e irresponsable.
Pensemos en un
enfermo incurable condenado a sufrir, o en una mujer
embarazada después de una violación, sin recursos o que
simplemente no desea ser madre. Son situaciones humanas, no
dogmas religiosos. Y deberían abordarse desde la libertad,
la dignidad y las leyes de una sociedad democrática, no
desde una creencia que millones de personas no comparten.
Lo más preocupante es que muchas de esas creencias se
inculcan a los niños antes de que tengan capacidad para
cuestionarlas. No se les presenta una posibilidad entre
muchas, sino una verdad. Después, cuando crecen, esa
creencia ya forma parte de su identidad y cuestionarla puede
resultar casi una traición. Pero está constatado que la
iglesia no te hace mejor persona, porque la buena persona no
es la que asiste a misa, ni la que reza mucho, sino la que
tiene sentimientos de bondad, altruismo y generosidad, la
que no hace daño ni mal y la que te ayuda en los momentos
difíciles.
La historia de
la Iglesia está llena de luces, pero también de sombras:
intolerancia, persecuciones, abusos de poder, corrupción y
escándalos de pederastia. Y durante siglos la mujer fue
considerada inferior y sometida a una moral construida
fundamentalmente desde estructuras de poder masculinas.
Durante siglos, las religiones han utilizado el miedo y la
esperanza: miedo al pecado, al castigo, al infierno;
esperanza en el cielo, en la salvación y en una vida eterna.
Una fórmula extraordinariamente eficaz para dirigir la
conducta humana. Y cuando una institución consigue convencer
a millones de personas de que posee la llave de su
salvación, también consigue un formidable instrumento de
poder mediático, político y económico.
Por eso me
cuesta entender que, todavía hoy, una institución con
semejante historia pretenda presentarse como autoridad moral
sobre cuestiones tan íntimas como la maternidad, la
sexualidad o la muerte. Pretender seguir manipulando y
gestionado el destino de la humanidad, interfiriendo en las
cuestiones políticas, legales o humanas, es una intromisión
que no se puede ni debe permitir, mas si quien las promueve
carece de autoridad moral y de respeto alguno, dados sus
antecedentes. Que cada cual crea en Dios, en el cielo o en
cualquier otra cosa. Es su derecho y lo respeto. Pero
también debería respetarse el derecho de quien no cree.
La fe puede proporcionar una vana esperanza, pero
nunca debería convertirse en una obligación. Porque cuando
una creencia pretende convertirse en ley para todos, deja de
ser una cuestión de fe y empieza a ser una cuestión de
abuso, sometimiento y poder....seguir
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