Mientras
discutimos sobre fútbol, polémicas televisivas o la última
bronca política, las decisiones que condicionan el futuro de
España se toman lejos del foco. El viejo principio romano
del pan y circo nunca ha estado tan vigente:
entretenimiento para mantener distraída a una sociedad cada
vez menos exigente con quienes la gobiernan.
La política
española ha convertido la polarización en un negocio. La
izquierda agita el miedo a la derecha; la derecha hace lo
mismo con la izquierda. Y, mientras tanto, los problemas
reales (la corrupción, la deuda pública, el deterioro
institucional, la pérdida de confianza en la Justicia y la
creciente fractura social) siguen esperando soluciones.
Pero ¿Que elegimos? ¿La miseria moral del PSOE o la
restricción de derechos que prepara el PP? Porque siempre se repite, la
misma historia. ¿Ante el progreso y el bienestar social, bajo el clima de
corrupción y amoralidad, o esa misma corrupción bajo la amenaza de retroceso
en derechos y libertades y reducción de servicios públicos, control
ideológico y congelación de salarios y pensiones que prepara el PP? Nos
están complicando la decisión de elegir y mucho me temo que seamos simples
teloneros en una lucha entre elefantes. Una vez mas nos manipularan para
defender sus propios intereses.
Ya, muchos
ciudadanos sienten que, gobierne quien gobierne, el poder
acabará protegiéndose a sí mismo. Los escándalos se suceden,
las responsabilidades políticas escasean y la sensación de
impunidad crece. Cuando el interés del partido pesa más que
el interés general, la democracia empieza a deteriorarse
desde dentro.
Tampoco existe
una solución mágica. Un país no puede vivir indefinidamente
del gasto público sin generar riqueza (vs. izquierda), pero tampoco puede
sacrificar los derechos sociales en nombre de la economía
(vs. derecha).
El verdadero desafío no es elegir entre dos extremos, sino
exigir gobiernos honestos, competentes y responsables que
lleguen a la política para servir a los intereses de los
ciudadanos y no para vivir de ella. Uno a veces llega a la
conclusión que cuando la situación se ha deteriorado hasta
límites nauseabundos, lo ideal es un salto dialéctico,
porque vale mas amputar un miembro a que este se pudra y
provoque la muerte
El mayor peligro
para España no es que gane la izquierda o la derecha. El
mayor peligro es una ciudadanía resignada, entretenida y
cada vez menos crítica. Porque cuando el pueblo deja de
vigilar al poder, el poder deja de servir al pueblo. La democracia no muere de golpe; se
desgasta poco a poco, entre la indiferencia, la propaganda y
el conformismo. Y cuando queremos reaccionar, muchas veces
ya es demasiado tarde. ...seguir
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