Mientras miles de familias no
pueden acceder a una vivienda, los alquileres se
disparan, los salarios no llegan a fin de mes y
muchos jóvenes se ven obligados a emigrar en busca
de un futuro digno, el Gobierno de Pedro Sánchez
presume de crecimiento económico, millones de
empleos y proyectos de vivienda que todavía están
por materializarse (del millón de viviendas que
prometió en el inicio de su legislatura solo se han
construido 5.000).
Mas de 7 millones de empleos son
fijos discontinuos, con trabajos precarios y sin
garantía de continuidad, con una cotización que
supone el 10% de lo estipulado para un trabajador
fijo. Con mas de 16 millones de ciudadanos que a
pesar de tener trabajo, se mantienen en el umbral de
la pobreza y que no llegan a fin de mes, con el SMI
mas bajo de Europa y con salarios propios de un país
tercermundista, que convierte a cientos de miles de
jóvenes en esclavos de por vida de los grandes
propietarios y tenedores de pisos, sin hablar de
esos 6 millones de pensionistas que no superan los
mil euros
Porque una cosa es lo que
dicen las estadísticas y otra muy distinta la
realidad que viven los ciudadanos. Tener
trabajo no significa vivir dignamente, crecer
económicamente no significa que todos prosperen y
anunciar proyectos no equivale a cumplir promesas.
La propaganda política pretende convertir los
anuncios en éxitos, las promesas en realidades y la
repetición en verdad. Se trata de vender una España
idílica que muchos ciudadanos no reconocen en su
vida cotidiana.
Lo preocupante no es que un
Gobierno defienda su gestión, sino que pretenda
ocultar sus fiascos (su corrupción, sus pactos
contra natura, sus fracasos en vivienda, sanidad y
educación, su gestión en la inmigración, su sumisión
con el Rey de Marruecos y sus cesiones a los
independentistas) tras una cortina de triunfalismo,
eslóganes y descalificaciones, en un pais en el que
tienen mas derechos los okupas que los propietarios,
donde se amnistía a los que se quieren separar
dividir España y se indultas a los que han
malversado los caudales públicos. Gobernar no
consiste en fabricar relatos para conservar el
poder, sino en resolver los problemas de la gente.
La política no debería
ser un ejercicio de propaganda, sino un compromiso
con la verdad. Me repugna una campaña en la
que el engaño amenaza con sustituir a la honestidad
y la manipulación pretende comprar voluntades,
embaucando con medias verdades y muchas mentiras,
porque para los que saben la verdad es una burla y
un desprecio a su inteligencia.
Y frente a tanta propaganda, una
reflexión: no creas todo lo que te cuentan,
comprueba lo que te dicen y juzga a los políticos
por lo que hacen, no por lo que prometen. Porque
cuando la propaganda sustituye a la verdad, la
primera víctima es el ciudadano y la segunda es la
democracia...seguir
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