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Esta página Web te llevará desde el pasado, al presente y al
futuro, para que puedas explorar su cultura, su historia, la
memoria de sus gentes, el colorido de sus fiestas, sus
archivos gráficos y la belleza de nuestro entorno
natural. Esta página tiene carácter divulgativo y no
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Actualidad Abril 2026
- Fiestas de la Veguilla en
Benavente.
Del 10 al 13 de Abril se celebran las
Fiestas Patronales
en honor a la Virgen de la Vega..ver...
-
Concurso "Guía turístico Aula
Arqueológica".
El Aytto de Arrabalde
publicita el concurso para cubrir la Plaza
de Guía turístico, ....ver....
-
Senderismo rural.
Lugares para pasear o visitar cercanos a
Arrabalde...ver....
-
Almacen municipal.
El Ayuntamiento de
Arrabalde ha finalizado la construcción del
"Almacen Municipal"...ver....
-
Reportaje entorno natural Arrabalde 2026.
Por la
vega con una temperatura ideal para pasear
....seguir
viendo....
-
El barrero, una laguna que siempre rebosa de agua.
Una nueva ruta de
senderismo que ofrece una imagen vistosa...
-
Se celebró la quema de vides.
La tradicional quema de
vides volvió a encender este
año el espíritu de comunidad
que nos define...ver....
-
Nuevo secretario.
Arrabalde y Alcubilla, disponen
de nueva Secretaria "Sonia", que se
ocupará de ambos Ayuntamientos...ver.....
- Ordenanza limpieza de solares.
El Aytto de Arrabalde publica la
ordenanza sobre limpieza
de solares y terrenos en suelo urbano.
Actualidad periódica mensual
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Cuando tus semejantes no te
inspiran confianza
Cuando
admitimos que el mejor amigo
del hombre es el perro,
estamos aseverando que tanto
el ser humano como nuestra
sociedad son un rotundo
fracaso. Decir que el perro es “el mejor amigo del
hombre” suele interpretarse como un elogio a la lealtad
animal, pero la afirmación es un planteamiento que lo convierte en un síntoma
de carencia de lealtad, seguridad y confianza humana. Si lo miramos desde ese
ángulo, la reflexión apunta a una idea incómoda: ¿por
qué un ser humano encuentra su vínculo más puro, fiel o
satisfactorio en un animal y no en otros seres humanos?
Puede sugerir varias cosas. Por un lado, los perros
ofrecen una relación sencilla: no juzgan, no compiten,
no traicionan en los términos complejos en los que lo
hacemos las personas. Su afecto es directo, constante y
predecible. Frente a eso, las relaciones humanas están
cargadas de ambigüedad, intereses, conflictos y, a
veces, decepciones. Que alguien prefiera ese vínculo más
simple puede interpretarse no como una elección libre,
sino como una renuncia o incluso una huida de la
cercanía humana que lleva
implícita la maldad, la
envidia, la inquina y la
deslealtad. Si muchas personas
encuentran más consuelo en animales que en sus
semejantes, esta claro que refleja relaciones humanas
muy superficiales, poco confiables y
escasamente satisfactorias. Los humanos no solo buscamos
reciprocidad intelectual o social, también buscamos afecto
incondicional, y los animales cumplen ese papel de
manera única y satisfactoria. Además, la capacidad de cuidar, empatizar
y conectar con otras especies también dice algo valioso
de nosotros: la percepción de que los que nos rodea no
ofrecen seguridad ni
confianza y preferimos estar
solos que mal acompañados, o
en compañía de animales que
si te dan esa confianza y
seguridad. En todo caso como
dije al principio, este
concepto explica el rotundo
fracaso de nuestra sociedad
y de la evolución y empatía
del ser humano. Quizá la
reflexión más equilibrada
sería esta: no es lo mas
destacable que el perro
sea un gran amigo del ser humano; lo complejo, destacado
y triste es
que el perro llegue a ser el
mejor amigo porque
hemos dejado de saber construir amistad verdadera, hemos
perdido la confianza y
el sentido de comunidad y
unión entre nosotros mismos.
Y es ahí es donde la frase
deja de ser una simple observación y se convierte en un
aldabonazo y en una
crítica profunda no solo de la sociedad, sino sobre
nuestros semejantes. Que
triste....seguir
leyendo..
Vanidad, pobreza intelectual y fragilidad
L a
vanidad, en su justa medida, puede ser un motor que nos impulse a mejorar, a
cuidar nuestra imagen y a aspirar a más. Sin embargo, cuando desborda los
límites de la prudencia, la sensatez y la humildad, deja de ser virtud para
convertirse en una carga silenciosa. Una carga que no solo distorsiona la
percepción que tenemos de nosotros mismos, sino también la forma en que nos
relacionamos con los demás. Con frecuencia, la vanidad excesiva no nace de la
seguridad, sino de una carencia profunda. Es el eco de una necesidad de
reconocimiento que no ha sido satisfecha, un intento torpe de llenar vacíos
internos mediante la aprobación externa. En ese proceso, el individuo puede caer
en la soberbia, la prepotencia o la ostentación, creyendo erróneamente que así
gana respeto, cuando en realidad proyecta fragilidad. Detrás de esa máscara de
superioridad suele esconderse un conflicto más humano: el miedo a no ser
suficiente. Y es ahí donde la vanidad se convierte en enemiga, porque en lugar
de ayudarnos a crecer, nos aleja de la autocrítica, del aprendizaje y de la
autenticidad. Nos empuja a aparentar en lugar de ser, a competir en lugar de
comprender. La verdadera inteligencia emocional y personal no se manifiesta en
la necesidad constante de destacar, sino en la capacidad de reconocer nuestras
limitaciones sin sentirnos disminuidos por ello. La humildad no resta valor; al
contrario, lo multiplica. Nos permite escuchar, aprender y evolucionar. Quizá la
clave esté en preguntarnos con honestidad: ¿buscamos ser admirados o ser
mejores? Porque mientras lo primero depende de los demás, lo segundo es un
camino propio, silencioso y mucho más sólido. La vanidad grita: "estoy aquí";
la verdadera valía, en cambio, no necesita alzar la voz, porque lo
verdaderamente valioso no se muestra, se percibe, aunque esta dentro de uno
mismo....
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leyendo....
La humildad y sencillez se
admira y respeta, la presunción, prepotencia y soberbia repugna
Hay actitudes que no necesitan
explicación, porque se sienten de inmediato: la presunción incomoda porque habla
mucho y dice poco, la prepotencia irrita porque además de ocupar espacio, vacía
los vínculos y la soberbia repele, porque muestra necedad y no genera
admiración, sino rechazo. Quien actúa así suele confundir firmeza con
arrogancia, y carácter con prepotencia. Pero la verdad es simple: nadie respeta
a quien no respeta. Y tarde o temprano, esa forma de estar en el mundo pasa
factura en forma de soledad, porque no es la altura lo que define a las
personas, sino la manera en que trata a quienes tiene al lado.
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